Ruptura religiosa: Reforma y Contrarreforma
Reforma
El desarrollo de las monarquías nacionales dio lugar a que el Papa perdiera paulatinamente dominio e influencia sobre los diversos Estados de la cristiandad.
Los primeros que criticaron a la Iglesia proponían mayor coherencia entre la práctica de la fe y la teoría teológica. La Iglesia vendía prebendas y beneficios solo a las personas que podían comprarla, estas cuestiones hicieron entrar al Vaticano en una profunda pérdida de credibilidad.
En 1517 el Papa León X decidió erigir la Basílica de San Pedro y para cubrir los gastos impuso las llamadas indulgencias
Esta situación desacreditó claramente a la Iglesia, y en 1517 Lutero pone en discusión en la capilla de Wittemberg la validez de las indulgencias en sus “95 tesis”, concluyendo que era ilegítima su venta.
En general, los seguidores de Lutero consideran a este cristianismo más puro y más cercano al mundo real.
Luego de la muerte de Lutero en 1546, los protestantes se hicieron más extremistas, destacándose entre ellos Ulrico Zwinglio. Juan Calvino, en Ginebra, se convirtió en el más intransigente de los luteranos, creando el calvinismo este se caracterizó, fundamentalmente, por sostener la predestinación.
Los países en los cuales se expandió el calvinismo fueron Suiza, Holanda, Escocia (presbiterianos), Inglaterra (puritanos), Francia (hugonotes). En España, en tanto, se extendió el erasmismo.
En lo que se refiere a Inglaterra, inicialmente Enrique VIII condenó públicamente las ideas de Lutero, Enrique VIII deseaba crear una Iglesia nacional, por lo que rompió sus relaciones de dependencia con respecto al Vaticano.
En 1534 se publicó el acta de primacía por medio de la cual el rey se convertía en la única autoridad de la Iglesia Nacional. De esta manera, nace la Iglesia Anglicana.
Contrarreforma.
Como respuesta a la división de la Iglesia en todo el Norte de Europa, la Iglesia Católica comenzó un período de ajuste a los nuevos tiempos. El espíritu de la Contrarreforma se extendió especialmente en España e Italia, donde el catolicismo resultó apoyado por el Estado monárquico, cuando este unió filas en torno al Vaticano.
Los cristianos que no aceptaron la reforma luterana no abandonaron la idea de reformar la Iglesia, motivo por el cual se reunieron en Trento, en mayo de 1545, convocados por el Papa Paulo III. Este Concilio duró hasta 1563 y fue uno de los instrumentos que sirvió para frenar el avance de los protestantes.
En Trento se señala a la Biblia como texto único y oficial de la Iglesia, se concretan y definen los Sacramentos y se organizan obispados y parroquias, así como los centros de formación para los futuros sacerdotes, llamados seminarios.
Las concepciones que se fijaron en Trento en el siglo XVI fueron la concreción de los intentos contra reformistas católicos que lucharon por impedir el avance del protestantismo.
Las disposiciones generales del Concilio de Trento fueron recopiladas en un sumario escrito: Profesión de la Fe Tridentina.
En este período surgieron dos elementos que reformaron y actualizaron el pensamiento católico: uno, a nivel espiritual, conocido como el misticismo que suponía la proximidad a la divinidad a través de la imaginación y de la meditación; y el otro, el movimiento reconquistador del terreno ganado por los protestantes con la fundación de la orden de los Jesuitas por Ignacio de Loyola en 1534.
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